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Elena
Poniatovska, "no se olvida".
Universidad del Valle de Atemajac. Guadalajara,
1994.
Cierro los ojos y sólo puedo ver soldados
por todas partes. Balas cortando el aire, extinguiendo
el aliento, hiriendo la esperanza. Miradas incrédulas
llenas de rabia, impotencia. Ceños fruncidos.
Puños estériles. Ideales pisoteados
por las botas del batallón Olimpia, tiñiendo
de rojo la plaza de las tres culturas. 2 de Octubre
de 1968.
Abro
los ojos y enfrente de mí veo a una mujer
que realmente estuvo ahí. Un mujer en apariencia
frágil. Su mirada encierra la ternura de
un niño que se sabe consciente de sus travesuras.
Una mujer paciente, dulce y enemiga de los discursos
solemnes. Una gran escritora. Una mujer por demás
interesante y una "abuela muy chiqueona"
según sus propias palabras:
Elena Poniatovska.
Respondió
maternalemente a todas nuestras preguntas y cada
vez que lo hacía, parecía cerrar
un poco las heridas del ayer, al sembrar una semilla
de esperanza en cada uno de los estudiantes que
la escuchábamos con gesto curioso.
No
pude resistir un momento más. Me armé
de valor y pasé al frente con mi cámara.
Al acercarme, ella sonrió y me permitió
inmortalizar ése momento. Cómo olvidar
los días de la universidad. Cómo
olvidar las visitas de "los importantes".
Cómo olvidar a una escritora que haz leído
y que te ha enseñado el México antes
y después de Tlaltelolco (aunque Ordáz
se encargara de negarlo y sentirse "orgulloso"
por ése año). Cómo olvidar
el 2 de octubre. Como olvidar a Elena. Elena Poniatovska,
"no se olvida."
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