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Burbujas.
Guadalajara, 1991.
Ser
niño es un privilegio. Un privilegio que
no entendemos hasta que no podemos hacer nada.
Hasta que crecemos...hasta que somos adultos.
Demasiado tarde.
Si
bien es cierto que los tiempos han cambiado y
que los niños de hoy son más despiertos
que los de antes, afortunadamente no se ha perdido
la magia. Magia que convierte un lápiz
en nave espacial, que te permite jugar la final
de la copa del mundo en tu propia cuadra, ser
Terminator, viajar a la luna, ser parte de una
caricatura ó ser el super héroe
del momento. Magia que símplemente te permite
ser niño.
Qué
diáblos importa si ganó ó
perdió el Atlas, si un terremoto sacudió
un país lejano ó si un político
sigue "procurando alcanzar las metas trazadas",
si tienes tu bote de burbujas. Si puedes lanzarlas
al aire y observar cómo se desvanacen ante
tus ojos... Si puedes sentir su mágia y
dejarte llevar por ella. Es grandioso ser niño.
Es grandioso poder soñar
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