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La
luz. San Ignacio, Querétaro. 1988.
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¿San Ignacio?, pregunté a mi madre.
- Sí, cerquita de Querétaro. Es
que son los quince años de la hija de tu
tía Gloria y nos invitaron.
- ¿Un rancho? Madre...no inventes, es que
juega el Atlas de local...
- ¿No me vas a dejar ir sola verdad?...
- ¿Porqué no?, musité.
- ¿Qué dijiste?
- Que "cómo no", claro, vamos.
Total.
Mi
madre tiene ésa mirada al momento de pedir
las cosas que es imposible negarse. Para ser honestos,
les diré que pensé que moriría
de aburrimiento. Bueno, es un decir, no conozco
a nadie que haya muerto por ello, sino muchos
de nuestros diputados y senadores morirían
diariamente en cada sesión. Más
bien, pensé, ¿Qué carajos
voy a hacer en un rancho donde no conozco a nadie?
La respuesta a ésa pregunta es lo más
increíble.
¿Saben
qué hice? Llevé mi cámara,
mi mal humor, tres libros -que nunca toqué-,
y por supuesto a mi madre. Al llegar me abrazó
la tranquilidad de San Ignacio, convirtiéndose
en su principal virtud. Los paisajes, la gente,
el rancho en sí. La verdad no tengo palabras
para describirlo, ni fotografías suficientes
para compartir con ustedes lio que ví.
"La luz" es uno de esos momentos que
logré capturar con la lente de mi cámara,
en lo que fué, definitivamente, la mejor
fiesta de quince años a la que me han invitado.
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